Sócrates.
Sócrates estaba totalmente vinculado con los círculos contrarios a la democracia ateniense. Sus postulados estaban dirigidos contra la organización democrática del poder del Estado. Por esto, una vez finalizada la guerra del Peloponeso, cuando la democracia, recobrada en sus fuerzas, pasó a la ofensiva contra sus enemigos, se le formuló- la acusación de que no reconocía a los dioses oficiales del Estado, introducía nuevos "seres demoníacos" y corrompía a la juventud, lo que le costó la vida.
Su punto de partida filosófico fue la afirmación escéptica de "sólo sé que no sé nada", colmada de una exagerada modestia irónica, estaba encaminada, ante todo, contra el tono autosuficiente de los sofistas, contra su erudición, la que, según él, era aparente. Esta afirmación básica traducía al mismo tiempo su actitud negativa frente a la avanzada filosofía materialista.
Sócrates enseñaba que las percepciones sensoriales no suministran un auténtico conocimiento, no engendran la ciencia, sino una opinión. El conocimiento verdadero, a su juicio, sólo es posible mediante los conceptos generales. La ciencia no debe proponerse el objetivo de conocer lo particular y lo singular, sino que debe establecer conceptos y definiciones universales, generales. Un veraz conocimiento se puede lograr solamente por medio de la inducción, poniendo al descubierto los signos comunes a los fenómenos aislados y pasando de los casos particulares a las definiciones generales.
Tratando de justificar el dominio de la minoría, enseñaba que el gobierno es "un arte real", en el que deben ser admitidos solamente los que poseen un saber auténtico, la sabiduría, los "mejores" hombres, predestinados para esa misión tanto por su nacimiento como, especialmente, por su educación y aprendizaje. "Reyes y gobernantes —decía Sócrates— no son los que sustentan el cetro, ni los elegidos al azar, o los que obtienen el poder mediante un sorteo o el engaño, sino los que saben gobernar."
Por eso, condenaba el sistema existente en la democracia ateniense de cubrir las vacantes para funcionarios públicos mediante el sorteo.
También se pronunció negativamente con respecto a la composición de la Asamblea Popular, órgano supremo del Estado ateniense.
Sócrates postulaba la teoría idealista del derecho natural. Ensenaba que existen leyes "divinas" no escritas, establecidas, no por los hombres, sino por los dioses, y que rigen en todas partes, independientemente de la voluntad de los primeros. Estas leyes divinas no escritas son "hermanas de las leyes humanas". Son una especie de fundamento moral del derecho vigente en el Estado. Existen preceptos que los hombres reconocen en todas partes, independientemente de si se hallan traducidos en leyes escritas. Tales son, por ejemplo, 'a obligación de venerar a los dioses, respetar a los padres y estar agradecidos a los bienhechores, etc. Las leyes naturales, no escritas, exigen también el acatamiento a las leyes escritas. Lo justo y lo legal son una y la misma cosa.
Sócrates se vale de la idea sobre las leyes naturales no escritas, no para criticar las leyes vigentes, sino para fundamentar la necesidad de su acatamiento. Cualquier ley, independientemente de cuál sea su mérito, es mejor que la ilegalidad y la arbitrariedad.
Sócrates temía el atentado contra las bases del Estado esclavista, por lo cual fundamentaba la necesidad del estricto acatamiento a las leyes de la Atenas democrática, aun cuando él mismo era indudablemente adversario de la democracia y partidario de un programa político reaccionario.
Platón.
La filosofía de Platón representa la expresión del idealismo objetivo, El mundo "visible", que percibimos por nuestros sentidos, según él, no constituye la realidad auténtica.
Sólo las ideas, los conceptos genéricos generales, tienen, a su juicio, realidad auténtica. Además, tienen vida propia, independientemente de la conciencia humana, e incluso por encima de las cosas aisladas, en las que ellas solamente "están presentes". Permanecen en cierto lugar "concebido por la mente" y forman un mundo aparte, el de las ideas, que existe por separado del de las cosas.
La metafísica idealista de Platón está impregnada de mística. Pinta un cuadro fantástico del mundo de las ideas, en el que el alma humana permanece, según él, antes de nacer el hombre y de comenzar su vida terrenal. Con esto, a su juicio, se explica la facultad del hombre para el conocimiento auténtico, para razonar mediante conceptos generales. El conocimiento es la reminiscencia de lo que el alma había contemplado en otro tiempo en el reino de las ideas.
La organización ideal de la sociedad y del Estado debe, a su juicio, servir para la encarnación más completa posible de las ideas en el mundo "visible", el acercamiento entre el reino de éstas y la realidad, y el acuerdo entre el mundo ideal y el material. No es de extrañar, por esto, que ese filósofo haya considerado su actividad reformadora como el desarrollo y coronamiento de su propia filosofía, como una especie de parte práctica de la teoría por él elaborada.
Platón instaba a la dictadura abierta de los "mejores hombres" sobre las masas de esclavos y desposeídos libres, y a la organización de la clase dominante sobre principios, de vida militaristas, y postulaba la solidaridad entre los libres frente a los esclavos.
Platón considera la esclavitud como premisa necesaria de un Estado ideal. Hace el papel de defensor del régimen aristocrático y. al tratar de presentar la democracia como un Estado en el que gobierna gente no preparada para ello, proclama que la dirección del Estado debe estar en manos de hombres competentes, que hayan concebido las ideas, que hayan dominado la cima del conocimiento científico.
Platón expresa, además, dudas con respecto al principio del acatamiento a las leyes. Considera que los filósofos, al hacerse cargo del poder y al poseer profundos conocimientos, podrían dirigir el Estado guiados por su propio parecer y no por los preceptos de las leyes.
La población libre, en el Estado ideal debe clasificarse en tres castas: los filósofos, que dirigen el Estado; los guardianes o guerreros que lo protegen; los artesanos y labradores, que suministran a los ciudadanos los bienes materiales que necesitan. Trata de fundamentar la necesidad de esta clasificación, de justificarla, mediante una argumentación verbosa y diversa.
Señala, ante todo, la división del trabajo dentro de la sociedad y dice que cada cosa se hace en forma más perfecta si alguien se especializa en ella: cada uno cumple mejor cuando realiza una sola y no abarca mucho.
Decía que la necesidad de la desigualdad social era necesaria.
Después de describir la estructura del Estado ideal, Platón pasa a examinar los Estados que se desvían de dicho ideal, las llamadas formas desnaturalizadas del Estado. Clasifica los Estados por el orden creciente de su alejamiento del ideal El ideal es la aristocracia, un Estado en el que gobiernan los mejores, los sabios; sigue después la timocracta, el gobierno de fes más fuertes y más valerosos.
Más desviada aún con respecto al ideal es la oligarquía, en la que el poder lo ejerce un puñado de ricos. Sigue el gobierno del demos, del la democracia. Finalmente, la peor de todas las formas incorrecta es la tiranta.
La igualdad de derechos entre los dos sexos.
En la dirección del Estado, los gobernantes ya no se guían por su propi- parecer, como los filósofos del primer proyecto, sino por las leyes que tienen la misión de suplir su insuficiente sabiduría. Las leyes reglamentan, en forma cuidada y minuciosa, todos los aspectos- de la vida de los ciudadanos, fijando los pormenores de su modo de vivir, educación, etc. Su transgresión es penada severamente.
Para tratar de asegurar la protección del régimen existente, Platón recomienda al legislador, así como también a los gobernantes, que se preocupen constantemente por la consolidación de las bases de la sociedad. El legislador debe luchar contra toda clase de innovaciones y por la uniformidad en el modo de vivir de los ciudadanos. Toda tentativa de introducir cambios en el régimen existente se castiga con la pena de muerte.
Para proteger los fundamentos de la sociedad, se atribuye una gran importancia a la religión.
La teoría política de Aristóteles.
Aristóteles (años 384-322 a. de c.) De joven, Aristóteles se trasladó a Atenas, donde ingresó en la 'escuela de Platón, con el cual, más tarde, discrepó en las concepciones y polemizó en sus obras.
Después de morir Platón, inauguró en Atenas su propia escuela. Durante una serie de años vivió en Macedonia, siendo preceptor de Alejandro, heredero del trono de ese país. Después de regresar a Atenas, fundó nuevamente una escuela, el Liceo, en la cual enseñó durante doce años, hasta el fin de su vida.
Según él, cada cosa aislada es una sustancia que representa la unión de la forma y de la materia. De alia se crean todas las cosas, la primera es la que da precisión a la segunda. Sobre esta base también denomina sustancia a la forma. La materia es algo potencial, algo que puede ser una cosa u otra. La forma, por el contrario, es algo actual, es lo que individualiza a la materia. La forma es, además, algo inseparable de la materia, que se halla permanentemente en movimiento, unida a ella.
Sus concepciones concernientes al régimen social se caracterizan, ante todo, por la defensa y la justificación de la esclavitud.
Se refiere también al problema de ¡a situación del esclavo. Este es propiedad del amo, una parte animada de sus bienes; es una herramienta y una herramienta es un esclavo sin alma.
Analiza el problema referente al trato para con los esclavos, recomendando en este aspecto la severidad, y también el de los medios para conjurar sus rebeliones, para lo cual aconseja preocuparse de que entre los hombres dependientes no se desarrollen sentimientos de amistad.
Ofrece esta definición del Estado: "El Estado es una comunidad... de hombres iguales entre sí para la mejor existencia posible." M Sostiene también que, en el Estado, el ciudadano recibe todo lo que necesita para una vida perfecta: el ocio, todos los bienes exteriores para satisfacer las necesidades del hombre, todos los recursos necesarios de educación.
El Estado es una unión de hombres libres. Los esclavos, aun cuando son necesarios para éste, están al margen de la comunidad estatal. Tampoco son miembros de ésta los artesanos.
A su juicio, el Estado es una forma necesaria y eterna de la vida en común, de la cual los hombres nunca, bajo ninguna condición, pueden prescindir.
En su definición del Estado como la unión de iguales que persiguen una vida dichosa, Aristóteles emite un concepto idealista acerca de la esencia del Estado y atribuye valor universal, supuestamente absoluto, a una forma tomada abstractamente, de un fenómeno. Su definición subraya la igualdad formal de todos los libres, e ignora las diferencias patrimoniales que existen entre ricos y pobres dentro de la unión de "los iguales". En esta definición se refleja la idea de la colectividad de esclavistas que dominan conjuntamente sobre los esclavos y que, en virtud de ello, se hallan organizados en una ciudad-Estado, la polis griega.
Aristóteles coloca a los esclavos al margen cíe la comunidad jurídica. El derecho, a su juicio, se aplica solamente a los hombres libres e iguales, en el sentido de la completa igualdad o valuación. Como existe la inconmensurabilidad de los sujetos, el derecho es imposible; por eso no aparece en las relaciones mutuas entre señor y esclavo, ni tampoco entre padres e hijos. Tampoco existe allí donde gobierna el déspota con un poder ilimitado.
Hace notar el papel de la ley y reconoce, al mismo tiempo, la existencia de normas de derecho no escritas. El derecho no escrito es el derecho consuetudinario. Es como si, al elaborar determinados hábitos entre los hombres, la propia ley los creara. Pero el derecho no escrito tiene en Aristóteles otra significación: es el derecho establecido por la naturaleza, el "natural", que tiene valor independientemente de si es reconocido o no por este u otro Estado. El derecho natural, según él, constituye la base que rige en el Estado y que es establecida por ley. Emite la idea acerca del carácter eterno y obligatorio general de algunas particularidades, históricamente transitorias, de la sociedad y el Estado antiguos. Las que existen por naturaleza, existen en todas partes, y se hallan en plena consonancia con los fundamentos naturales y morales de la vida en común. Al dotar al derecho vigente de un carácter de cierta realización concreta del natural, este filósofo, igual que Sócrates y otros partidarios antiguos de la teoría del derecho natural, trata de elevar la autoridad moral de aquél.
Aristóteles coloca el derecho junto a la justicia.
Esta, según él, es, ante todo, lo que está de conformidad con las leyes; es la llamada justicia política, es decir, la establecida por el Estado, En ese sentido, es injusto quien transgrede la ley. Pero, al mismo tiempo, la justicia, a su juicio, radica en la ecuanimidad, en la distribución y nivelación uniformes de algo. Dado que lo uniforme es el término medio también la justicia lo es.
Además, Aristóteles distingue dos clases de justicia, la niveladora y la -distributiva. La tarea de la primera radica en la remuneración de lo igual por lo igual: "La nivelación de lo que constituye objeto de intercambio"; la de la segunda consiste en distribuir los bienes a cada uno según los méritos, de conformidad con las peculiaridades de los individuos.
Según el, las formas fundamentales del Estado son dos: la democracia, en donde el poder supremo lo ejercen los desposeídos que constituyen una mayoría, y la oligarquía, en la que el poder se halla en manos de los ricos, una minoría.
El propio Aristóteles se proclama partidario del régimen estatal "medio", la estructura estatal política que según dice, es una mezcla, una unión de oligarquía y democracia. Es un Estado en el que predominan los hombres "medios", donde entre la población libre no existe un agudo contraste de ricos y pobres, donde la solidaridad de los libres frente a los esclavos puede ser asegurada.
Aunque estima correcto que el poder supremo esté en manos de la mayoría y no en las de la minoría (los esclavos quedaban al margen de esto), se pronuncia, sin embargo, contra la amplia participación de las asambleas populares en la dirección del Estado y contra el papel activo de los desposeídos en la vida política.
En el Estado perfecto, a su juicio, se conserva la esclavitud y la desigualdad acentuada entre los libres. Los ciudadanos están asegurados con todo lo necesario, pero no se dedican a los oficios ni a la labranza. El trabajo físico es asunto de esclavos y artesanos. Estos últimos son personalmente libres, pero no ciudadanos del Estado. La tierra es únicamente propiedad de los ciudadanos; los artesanos y labradores no la poseen.
Las teorías políticas durante el período de decadencia de los antiguos Estados griegos.
El cansancio y la apatía, el alejamiento de los intereses sociales y la preocupación por la vida personal, son los rasgos característicos del pensamiento filosófico durante el período de decadencia de las polis griegas y del dominio extranjero en la Hélade.
Dos fueron las corrientes más importantes en la filosofía durante este período: la de los epicúreos y la de los estoicos.
Epicuro (años 341-270 a. de c.), por cuyo nombre se conoce la primera de estas corrientes, nació en la isla de Samos. Desde el año 307 se radicó en Atenas, donde fundó una escuela para predicar su doctrina (Jardín de Epicuro).
Epicuro fue continuador de la filosofía materialista de Demócrito.
Su punto de partida era, en la ética, el de que la felicidad del hombre es el mayor bien. Esta felicidad se logra, además, según él, mediante una selección inteligente de los deleites, prefiriendo los goces durables a los placeres transitorios.
En el espíritu de una profunda indiferencia hacia la vida social, enseña que la felicidad radica en la completa independencia y sosiego del hombre, en la imperturbabilidad de su alma (la ataraxia).
En cuanto a los problemas del Estado y el derecho, postula que los hombres, que tienden hacia la utilidad común, concluyen un acuerdo entre sí e implantan las leyes. Se ponen de acuerdo para no infligirse daño mutuamente, para no tener que temerse uno al otro. No es la naturaleza la que crea el derecho, sino que son los hombres los que lo establecen. El derecho natural es un convenio de utilidad: no causar ni sufrir un daño recíproco.
Los epicúreos pregonaban el estricto acatamiento de las leyes. El insensato, decían, trata de infringir la ley, a fin de adquirir algo en su beneficio. Él inteligente la acata, ya que sabe que a su transgresión sigue inevitablemente la sanción.
Zenón de Citia (años 336-274 a. de c.), fundador de la escuela de los estoicos, nació en la isla de Chipre, pero desde joven se radicó en Atenas. Allí se identificó con la filosofía de los cínicos, que, declarándose sucesores de Sócrates, enseñaban que el mayor bien radica en la total indiferencia hacia los bienes exteriores (la apatía), en el dominio de las pasiones, en la limitación de las necesidades e incluso, en la renuncia a satisfacerlas.
Aproximadamente en el año 300 a. de c. Zenón comenzó a predicar en Atenas, en un pórtico que se llamaba Stoa Poikile (Salón Vistoso). De aquí el nombre de Estoica que se ha dado a su escuela.
Cresipo (años 280-205 a. de c.), sucesor de Zenón, siguió desarrollando las ideas de su maestro.
Los estoicos reconocieron la materia como base de todo lo existente. La materia integra el cosmos. Esta sustancia material se halla en movimiento y cambio permanente.
Sin embargo, no fueron materialistas consecuentes y. a la vez que el de la materia, promovieron otro .principio del mundo. Es la razón divina, el Logos, al cual atribuían el valor de un principio creador, activo; la materia y el principio activo son indivisibles; el principio pasivo —la materia— no existe sin el activo, la fuerza.
También su dios es un principio activo. La semilla del cosmos, "el fuego creador", del cual todo procede y al cual todo retorna, es la razón que gobierna el mundo.
Enseñaban que todo en el mundo está sujeto a una estricta necesidad, que reina un orden inmutable, en el cual gobierna una ley a la que están subordinados todos los seres vivos. No hay nada casual en el mundo; todo lo que sucede constituye una cadena indisoluble de causas y efectos.
El ideal del sabio radica en vivir de conformidad con la naturaleza, o sea, en consonancia con la razón que reina en el mundo. Una vida racional es una vida virtuosa y ésta es el mayor bien. Afirmaban que solamente la virtud es un bien y que el vicio, en cambio, es el único mal; iodo lo demás es para el hombre algo indiferente. Los deleites sensuales, según su teoría, no sirven para nada.
Su filosofía instaba a la pasividad y a la sumisión al amo. Inculcaba conciencia de la impotencia, de la necesidad de renunciar a la lucha y hacer la paz con la realidad. El sabio, enseñaban, debe estar por encima de todas las pasiones y conmociones, ser indolente a todos los bienes exteriores y permanecer indiferente a todo lo que no sirva a la virtud.
La ley eterna establecida por dios, que gobierna en el mundo, es la medida del bien y del mal; lo que está en consonancia con ella es obligatorio para el hombre.
Esta teoría del derecho natural se convirtió, en manos de los estoicos, en instrumento de crítica del derecho vigente. Sin embargo, en el estoicismo, toda la crítica de las normas existentes carece de base, dado que postulaba la sumisión al destino, la necesidad de desembarazarse de la conmiseración y de la ira, la completa indolencia e indiferencia a las condiciones exteriores de la vida.
La teoría de Polibio sobre el Estado
Siguiendo a Platón, promueve la teoría del movimiento circular de las formas políticas. Como punto de partida toma el pensamiento referente al desarrollo y mutabilidad de todo lo existente. Sin embargo, los concibe en forma desnaturalizada, como un movimiento dentro de los límites de un determinado ciclo, que, una vez terminado, vuelve a repetirse nuevamente. Aplicando su idea del desarrollo cíclico a las formas del Estado, afirma que, conforme al orden de la naturaleza, el régimen de gobierno cambia, pasa de uno al otro, y el Estado, después, vuelve nuevamente a los sistemas gubernamentales que ya había tenido antes.
Presenta la democracia como manifestación de decadencia y desintegración, y declara que en la misma, según él se enseñorea inevitablemente el dominio de la fuerza, se efectúan asesinatos, destierros, repartos de tierra, etc.
Polibio no oculta su actitud contraría a la democracia y su simpatía por la aristocracia. No se muestra parco en palabras duras al pintar el Estado democrático ateniense, mientras que, partidario de la hegemonía romana, es pródigo en loas & su régimen aristocrático.
Emite, a] mismo tiempo, la teoría de la llamada forma mixta de gobierno, siguiendo en este aspecto a Aristóteles, el cual consideraba la democracia "moderada" —la estructura política— como una mezcla, una unión de oligarquía y democracia. Exaltando la forma "mixta" de gobierno, declara que ésta es capaz de conjurar la "corrupción" del régimen estatal y detener, así, el movimiento de las formas estatales, su movimiento cíclico.
LAS TEORÍAS POLÍTICAS Y JURÍDICAS DE LA ROMA ESCLAVISTA
Característica, general de las teorías políticas y jurídicas de la antigua Roma.
Las teorías políticas y jurídicas de la antigua Roma, en una exposición sistemática, o en esbozos más o menos claros, no aparecieron hasta e! siglo n a. de c. Además, solamente obtuvieron un importante desarrollo ¡as concepciones relativas al Estado y el derecho que sustentaron los representantes de la clase dominante. Las esperanzas y aspiraciones de las masas oprimidas no recibieron en la antigua Roma una expresión sistemática, clara y consecuente.
Las teorías políticas y jurídicas de la sociedad esclavista romana durante los siglos II y I a. de c.
Durante los siglos II y I a. de c. tuvieron lugar sustanciales cambios en la sociedad esclavista romana. Roma, de pequeña comunidad urbana que era, se había convertido en un vasto Estado esclavista que, mediante una política agresiva, se apoderó, de una serie de territorios en la cuenca mediterránea. El desenvolvimiento del modo esclavista de producción provocó una acentuación en la lucha de clases, no solamente entre esclavistas y esclavos, sino también entre los diversos sectores de la población libre, o fea, entre los terratenientes y los campesinos que se estaban arruinando.
Se agudizaron las relaciones mutuas entre los romanos y los pueblos por ellos sometidos, con respecto a los cuales se realizaba la política de "dividir para gobernar" (Divide et impera).
La falta de claras perspectivas de lucha contra los explotadores y del propósito de acabar con el modo esclavista de producción, es lo característico en las concepciones políticas de los esclavos sublevados en aquella época.
El movimiento de los campesinos, arruinados a consecuencia del desarrollo del modo esclavista de producción, contra los grandes terratenientes y usureros, en los años 134 y 124 a. de c., bajo la dirección de los hermanos Graco, sufrió una derrota. Estos dirigentes se habían planteado el objetivo, evidentemente utópico, de restablecer la propiedad pequeña y mediana de la tierra, que, en las condiciones del desarrollo del modo de producción existente, estaba condenado al fracaso.
Cicerón.
Su teoría relativa al Estado y el derecho, no se distingue por su originalidad y representa una unión ecléctica de las ideas de Platón, Aristóteles, Políbio y los estoicos. Pero su sistema de concepciones tiene interés por cuanto traduce en forma precisa los ideales y el estado de ánimo del sector aristocrático de los esclavistas romanos.
Es continuador de la escuela estoica y, en el espíritu de las teorías de ésta, exige de los ciudadanos participación activa en la vida del Estado. Insta a servir abnegadamente al Estado esclavista, en el que gobiernan "los mejores", o sea la aristocracia esclavista.
En la teoría de Cicerón sobro las ciases y los sectores sociales se manifiesta con especial nitidez la ideología de la nobleza esclavista romana.
Toda su simpatía se vuelca hacia los optimates, la nobleza y los grandes terratenientes.
Estos, a su juicio, constituyen el sector más honorable de la sociedad, ya qué se dedican a una labor ventajosa, agradable, y la más digna de un hombre mundano. Los usureros y recaudadores de impuestos pertenecen a una categoría de hombres cuya ocupación provoca el odio del pueblo. También son indecorosos los oficios vulgares de los obreros asalariados, quienes reciben remuneración a cambio del trabajo físico, ya que se venden como esclavos por dinero. Mantiene una actitud igualmente hostil frente a los pequeños comerciantes y artesanos. Pero estima como ocupaciones honorables la arquitectura, la medicina y todas las profesiones "decorosas" que requieren una instrucción especial. No merecen su reprobación los grandes comerciantes, a condición de que sean, a la vez, terratenientes.
Es característica su actitud frente a los dos partidos políticos de ese tiempo en la antigua Roma: los optimates y los populares.
A su juicio, los optimates son hombres no corrompidos moralmente y sensatos, no aplastados por deudas; no son inmorales ni insolentes por naturaleza, y no están poseídos por la cólera; son los pudientes. En cambio, dice, a los populares se adhieren "los inquietos partidarios de innovaciones, renegados temerarios cuya pasión frenética halla satisfacción en las guerras intestinas y en la facción".
Cicerón define el Estado como cosa del pueblo (res publica.). Pero no considera pueblo a toda concentración o multitud. Este, a su juicio, sólo lo constituye una unión de personas basada en la comunidad de derechos y en la utilidad común. Sin embargo, él mismo pone al descubierto la esencia de clase de su concepción relativa al Estado, al afirmar que el objetivo de todo Estado es el dé proteger los intereses patrimoniales, y que la defensa de la propiedad privada es el primer deber del poder.
Su afirmación de que el Estado se basa en la idea de la justicia y que ésta no existe, donde el poder se basa en la arbitrariedad y la violencia, resultó hipócrita, pues sus actos, cuando llegó al poder, contradijeron abiertamente las concepciones que había postulado. Por sentencia propia, sin intervención de tribunales, fueron decapitados los partidarios de Catilína que estaban en la prisión.
En la solución del problema relativo a las formas del Estado, sostenía las posiciones de Polibio; dio preferencia a la forma mixta y, de manera un tanto imprecisa, se pronunció por la implantación de una dictadura militar.
Declaró categóricamente que si las leyes que rigen en un Estado determinado contradicen a la justicia, no son tales leyes.
Concepciones muchísimo más democráticas sostuvo el historiador romano Salustio (años 86-34 a. de c,), cuyo ideal histórico era la vieja república romana, en la que proponía establecer relaciones correctas entre el senado y el pueblo. Sometió a una dura crítica a la nobleza y sus vicios. Pero, pese a todo, mantuvo una actitud desdeñosa frente al pueblo, considerando que éste carecía dg sabiduría y sagacidad políticas y que debía subordinarse al senado como el cuerpo al alma.
Las teorías políticas y jurídicas de la antigua Roma, durante el periodo de la crisis de la sociedad esclavista (siglos I al III)
La agravación de las contradicciones de clase en la sociedad esclavista romana durante los siglos I al III, provocó una crisis del régimen republicano e indujo a la parte predominante de los esclavistas a buscar una salida con la implantación de una dictadura militar directa, a fin de mantener el dominio sobre los esclavos y las masas de libres empobrecidos. La mayoría de los esclavista? estaba incluso dispuesta a renunciar a su propia libertad política y a aceptar el establecimiento de una dictadura militar en forma de monarquía. Pero, dado que entre esta nobleza no había unidad, y. como temía provocar el descontentó de las masas trabajadoras, se fue estableciendo paulatinamente en Roma un nuevo régimen de Estado, denominado Principado. Este era prácticamente una monarquía revestida de apariencia republicana, que existió desde los siglos I al III En ese período tuvieron lugar en la sociedad esclavista romana sustanciales modificaciones en la actividad económica y en la estructura de clase.
La crisis del régimen esclavista provocó la apatía y la desmoralización generales entre los representantes de la clase dominante. Los desposeídos libres, en Roma, vivían a expensas de las limosnas que recibían del Estado, y en las provincias se veían cargados de un duro trabajo.
Los ideólogos de la clase dominante no sólo se esforzaban en funda-mentar la firmeza del régimen existente, sino también en demostrar su superioridad con respeto al anterior régimen republicano.
En la vida social y política de la antigua Roma ocupaban un lugar destacado los jurisconsultos romanos, quienes gozaban de gran prestigio entre la clase dominante. No solamente personas particulares, sino también hombres públicos, y hasta los propios emperadores, acudían a ellos para asesorarse. Durante la época de Augusto se concedió a los más destacados jurisconsultos un privilegio según el cual sus interpretaciones llegaron a ser obligatorias para los jueces en los correspondientes juicios (jus respondendi). Los jurisconsultos no raras veces ocupaban puestos de responsabilidad.
Gayo, famoso jurisconsulto romano del siglo n, consideraba inamovible la división fundamental de los hombres en libres y esclavos, y no abrigaba ninguna duda en cuanto a clasificar a éstos como objetos.
También es muy característica su división en dos escuelas: sabinianos y proculianos.
Los primeros eran partidarios del principado; los segundos, de la república, y oponían a aquéllos su teoría, que los caracteriza como pensadores progresistas. Por oposición a la mayoría de los ideólogos de la clase dominante, los proculianos no comparten la actitud desdeñosa ante el trabajo.
Gayo, sabiniano y partidario del poder ilimitado de los emperadores, justifica plenamente la usurpación, por ellos, del derecho de legislar mediante su facultad de promulgar las constituciones a la asamblea popular; declara que jamás existió duda alguna sobre este derecho de los emperadores, quienes le daban fuerza de ley, puesto que ellos mismos recibían sus facultades por la misma vía legal.
Ulpiano presenta una interpretación más sutil aún de esta usurpación do las facultades legislativas.
Los jurisconsultos romanos se dedicaron también a resolver una serie de problemas teóricos generales del derecho.
Ulpiano, quien estima que las fundamentales prescripciones del derecho son: vivir honestamente, no causar daño al prójimo y que cada uno rinda lo que debe.) Esto último respondía plenamente a los interesen de ¡a clase dominante, puesto que justificaba la situación de la clase trabajadora y la desigualdad social, política y, jurídica existentes en los Estados romanos, y significaba que la defensa de los derechos del dueño correspondía plenamente, y así lo estimaban, a la idea de justicia.
Los jurisconsultos romanos clasificaron el derecho con más precisión que Cicerón, en tres subdivisiones: el natural (jus naturale) el de gentes (jus gentium) y el civil (jus civile).
El primero, según sus ideas, es el conjunto de regias que dinama de la naturaleza, de todo lo real, y que determina la conducta, no sólo de los hombres, sino también de los animales.
El "derecho de gentes" se definía como el conjunto de normas que ¡a razón natural había establecido entre todos los pueblos, y que son comunes a todos los hombres. Este adquiere un valor general, casi universal, que rige para todos los participantes del giro comercial, sin distinción de nacionalidad. Esta interpretación del jus gentium respondía completamente a la extensión de la economía mercantil y del dinero que se operó en ese período.
Por el tercero, se comprende el derecho positivo de cada pueblo, establecido para sí; lleva el nombre del Estado en el que rige.
Ulpiano es el primero que emitió claramente la idea de la división del derecho en público y. privado. Por público, entendía todo lo que tuviera relación con los intereses del Estado Por privado, todo lo vinculado con los del individuo. Esta división, en lo fundamental, ha sido recogida también —con una serie de modificaciones— por la jurisprudencia burguesa, ya que tuvo su origen en la presencia y desarrollo de la propiedad privada.
La crisis de la sociedad esclavista se expresó nítidamente en la ideología del cristianismo en sus albores, que nació en el seno de las clases oprimidas y que en su forma primitiva, era expresión de la protesta de éstas contra la opresión y la explotación.
Pero esta religión se extendió posteriormente también entre la clase dominante.
El aplastamiento de los esclavos y la represión de las sublevaciones de las provincias sometidas a Roma no lograron ahogar la aspiración de las masas trabajadoras oprimidas y la de dichas provincias a encontrar una salida a la insoportable situación; aspiración que da vida a diversas teorías religiosas que traducen la esperanza del arribo del libertador de los sufrimientos. Esta esperanza obtuvo su más clara expresión en las imágenes del Mesías judío y de Jesucristo, Dios de la religión cristiana. La nueva religión asimiló esas ideas y obtuvo una amplia divulgación entre las masas trabajadoras.
La clase dominante, en medio de la crisis, atravesó por un estado de profunda degradación moral. Sus representantes aceptaron diversas partes de la fe cristiana que no amenazaban sus intereses de clase. Engels señala que todas las clases buscaban una salida a la situación existente, pero, al no encontrarla en la realidad circundante, acudían a la religión.
"Al nacer, el cristianismo —hace notar Engels— fue un movimiento de los oprimidos: primeramente apareció como religión de los esclavos y libertos, de los pobres y de los que carecían de derechos, de los pueblos sometidos o dispersados por Roma."
Pero no llegó, ni pudo llegar a ser una ideología revolucionaria. Sólo prometía a los trabajadores la liberación de los sufrimientos, primeramente, en la era del llamado Reino Milenario en la Tierra, que habría de llegar después del segundo arribo de Cristo, esperado por los fieles y que transformaría completamente el mundo, y luego, con el ulterior desarrollo del cristianismo, en el mundo del más allá, después de la resurrección de los difuntos.
El cristianismo predica también la no resistencia al mal por la fuerza, la obediencia al poder del Estado; exige que los esclavos se someten a sus señores, y las mujeres se subordinen a los hombres.
Teorías políticas y jurídicas durante el período de desintegración y hundimiento de la sociedad esclavista romana
Durante los siglos III y IV, la sociedad esclavista de la antigua Roma entra en la época de su desintegración. En su seno aparecen los primeros brotes de relaciones feudales. Esta desintegración trae una agudización aún mayor de la lucha de clases que socava el poderío del Imperio. Las rebeliones de esclavos y colonos, y la presión en las fronteras del Imperio de parte de las tribus germanas, llevan a la clase dominante a realizar ciertas modificaciones en el régimen estatal y en el orden jurídico, a fin de oponerse a la descomposición que lo amenazaba.
En el siglo III se implanta la monarquía militar burocrática con el poder ilimitado del monarca (el Dominado).
En el derecho público romano se implanta definitivamente el concepto de que el emperador es un ser divino, dotado da poder ilimitado y no obligado por ninguna ley. Cuando el cristianismo llega a ser la religión oficial, el poder de los emperadores comienza a ser considerado como prescripción divina, y él mismo, representante de Dios en la Tierra. Entonces ya no sólo usurpa la legislación, sino que proclama su derecho a interpretar las leyes como su monopolio privativo, como lo hizo Justiniano en su edicto del año 533, al promulgar los Digestos.
Sziatous trató de fundamentar teóricamente el proceso de feudalización de la sociedad romana, y la correspondiente división de la población del Imperio en castas y grupos profesionales, con derechos y deberes estrictamente determinados y con privilegios para la casta superior —senadores y clero—, valiéndose para este fin de la teoría organicista sobre la sociedad.
Esta teoría justificó la esclavitud y el sojuzgamiento de los campesinos libres, aparecido en esa época. Sziatous exigía a los súbditos la subordinación incondicional al poder del Estado, y amenazaba a los "desobedientes" con grandes castigos, no sólo por parte de los hombres, sino también de dios. En su deseo de granjearse popularidad entre las masas, denunció demagógicamente, mediante sus prédicas, a los ricos "que extraen su beneficio de la pobreza de los demás, inventando un modo plausible de rapiña y disimulando hábilmente su avaricia". No rechazaba, pues, la desigualdad entre ricos y pobres, y sólo se pronunciaba en contra de los que amasaban fortuna mediante la rapiña y la venalidad. Algunos historiadores burgueses tratan de presentarlo como partidario del socialismo, lo cual constituye una grosera falsificación de sus concepciones.
En cuanto al problema referente a la correlación entre el Estado y la Iglesia, afirmaba que el poder eclesiástico, por su mérito, es superior al real; sin embargo, no fue partidario de conceder a la Iglesia el poder secular, y limitó la competencia del clero sólo al oficio del culto religioso y la educación moral. También estimaba que el poder real tiene sus límites; hay que subordinarse a él sólo en el terreno civil, pero, en cambio, sus derechos no alcanzaban al moral y religioso.
Teoría de Agustín
Tratando de fundamentar la necesidad del hombre de subordinarse a la Iglesia, afirmaba que el libre albedrio de éste se expresa solamente en su inclinación al pecado y. en cambio, su salvación puede ser hallada solamente con la ayuda de un favor especial do dios, la gracia divina, que no se otorga a todos, sino solamente a los escogidos.
Agustín estructura también su teoría relativa al Estado expuesta en la obra La ciudad de dios.
Según su definición, el Estado es una multitud unida por vínculos sociales.El Estado que se propone la tarea de satisfacer objetivos terrenales solamente, carece de autenticidad: es sólo el dominio de la fuerza, que, por su esencia, no se diferencia de una banda de salteadores de caminos.
Agustín consideraba que los soberanos deben servir a dios mediante su poder castigando severamente a los enemigos de la Iglesia. Si el Estado sanciona el asesinato y otros crímenes, tampoco debe dejar impunes los delitos cometidos contra dios. Los herejes y los provocadores de cismas deben sor sancionados no menos que los envenenadores, por cuanto la actividad de unos y otros dimana de una sola fuente: los malos y deshonestos pensamientos del hombre.
Sus conclusiones eran una exhortación reaccionaria a luchar, por todos los medios, centra toda clase de oposición al régimen existente y a la fe dominante.